Lectores: Proclamar la Palabra de Dios

“En las lecturas… Dios habla a su pueblo anunciándole el Misterio de la Redención y de la Salvación, y brinda el alimento espiritual; y Cristo por su Palabra se hace presente en medio de su pueblo” (OGMR n° 55).

Un lector, a veces llamado ministro de la Palabra de Dios, es la persona que proclama la primera o la segunda lectura de la Liturgia de la Palabra. Este ministerio requiere de una persona abierta a la Gracia, que busque vivir la fe, la esperanza y la caridad plenamente.

Los lectores que creen que la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios y tienen respeto por la presencia de Dios en esta Palabra, ayudarán a traspasar esta convicción creyente a la comunidad.

El lector asume que está proclamando la Palabra de Dios y que, cuando esta Palabra es leída con claridad, sinceridad y convicción, ella tiene el poder de tocar las vidas y cambiar los corazones.

La Liturgia de la Palabra es una de las dos partes principales de la Misa. Así como la asamblea es alimentada en la mesa de la Eucaristía con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así también es alimentada en la mesa de la Palabra con las Palabra de Dios en Cristo, quien es el camino, la verdad y la vida (Juan 14,6).

La Palabra de Dios es como el agua para el alma sedienta. Por lo tanto, la calidad de la proclamación determina si su servicio ayudará o privará a la asamblea de a escuchar y responder con fe a la Palabra de Dios.

1) PARA PREPARAR UNA LECTURA:
Leer las Escrituras con cierta regularidad en un grupo pequeño o como un estudio personal usando los recursos apropiados y necesarios para tal fin.
Orar. Piense en la comunidad y pida a Dios que toque sus corazones. Sea usted un testimonio de la Palabra de Dios.
Considere cómo la lectura que se le ha asignado está relacionada con el Evangelio. El uso de los textos de estudio serán de ayuda para esta preparación.
Lea su texto silenciosamente varias veces, para conseguir un sentido de la secuencia y fluidez necesarias.
Identifique el tipo de texto que usted va a leer, por ejemplo, una historia, una profecía, una parábola, una instrucción, un canto o una poesía.
Considere el significado: ¿Qué significa el texto? ¿Dónde está el clímax? ¿Cuál es el tono y el espíritu: reconfortante, advertencia, información o consejo?

Revise las pronunciaciones y las palabras para marcar los énfasis. Vea cuáles son las palabras y frases importantes; por ejemplo, sustantivos y verbos.
Practique la lectura en voz alta (varias veces…). Léale a otra persona o grabe su lectura para revisar para tener una retroalimentación (feedback).
Rece de nuevo para crecimiento personal y para su ministerio como lector de la Palabra de Dios.
En su día asignado, llegue con antelación al momento en que le corresponderá leer, de manera que pueda entrar en el espíritu de oración antes de que comience la liturgia. Asegúrese de que el Leccionario esté correctamente señalizado y que el micrófono esté adecuadamente ajustado.

2) LA LITURGIA DE LA PALABRA EN LA MISA:
“La Liturgia de la Palabra será celebrada de tal modo que favorezca la meditación, por eso se evitará completamente toda clase de prisas que impida el recogimiento. Conviene que en ella también se den momentos breves de silencio, adaptados a la asamblea congregada, en los cuales, con la ayuda del Espíritu Santo, la Palabra de Dios sea acogida en el corazón y mediante la oración se prepare la respuesta. Estos momentos de silencio pueden guardarse oportunamente, por ejemplo antes de que comience la misma Liturgia de la Palabra, después de la primera y de la segunda lectura, y al terminar la homilía” (OGMR, n° 56).

“En las celebraciones más importantes puede ser útil que haya un Monitor que ubique a la Asamblea en lo que se está celebrando, mediante brevísimas explicaciones e introducciones, disponiendo a los fieles a una mayor comprensión. Es necesario que las admoniciones del monitor estén preparadas con toda precisión y sean notables por su sobriedad. Evitará acaparar la atención de la Asamblea y eclipsar al presidente, quien es el verdadero animador y guía de la asamblea” (OPS, n° 261).

Un vez completadas las oraciones iniciales, y la introducción –si la hubiere- el lector se desplaza hacia el ambón, hace una reverencia al altar (y hacia el celebrante que preside si él es un Obispo), mediante una inclinación (desde la cintura) y luego va hacia el ambón para la primera lectura.

2,a) Primera Lectura:

Espere que la asamblea se siente, luego, haciendo con ella un contacto visual, anuncie con confianza la lectura con “Lectura de…”. NO cambie esta fórmula de ninguna manera, (por ejemplo, NO comience “Nuestra primera lectura hoy díaes… o algún comienzo similar,) y NO lea el encabezado de la lectura (impreso en itálicas).

Particular importancia se dará a un período de silencio después de leer la Palabra de Dios antes de la afirmación “Palabra de Dios”. Si el Salmo Responsorial va a ser cantado por un salmista desde otro micrófono, el lector debe desplazarse a un asiento cercano para que la comunidad pueda focalizar su atención en el salmista/cantor. La introducción musical del salmo debe esperar a que ocurra dicho movimiento y de allí crear una pausa momentánea para reflexión silenciosa.

2,b) Salmo Responsorial:

Vinculando las lecturas, la respuesta al Salmo es clave en la Liturgia de la Palabra. En una simple afirmación éste ayuda resumir el significado de las lecturas. Idealmente, el Salmo es conducido por el salmista ya sea desde el ambón o desde otra ubicación frente a la asamblea en orden a motivar su respuesta.

Cuando no es cantado, el Salmo después de la lectura será recitado, en una forma que conduzca a la meditación sobre la palabra de Dios (ILM, n° 22) NO diga: ‘Salmo Responsorial o La Respuesta al Salmo es…’ En vez de eso, mire a la asamblea y anuncie la respuesta con confianza. NO diga la ‘respuesta’ al final de cada verso. Cuando lea la última línea del verso baje su tono y mire hacia la asamblea.

2,c) Segunda Lectura:

La segunda lectura es proclamada desde el ambón y sigue las mismas consideraciones señaladas para la primera lectura.

En las lecturas, la mesa de la Palabra de Dios se prepara para los fieles y los tesoros de la Biblia se abren para ellos (SC, 51).

2,d) Problemas a superar:
Imposibilidad de escuchar la lectura (por volumen de voz muy bajo, alocución inaudible, etc.).
Inadecuada ubicación del micrófono: verifique que éste esté ubicado a la altura conveniente.
Verifique la calidad del equipo de audio.
Expresión o énfasis inadecuados, causando falta de interés.
Pronunciación incorrecta de las palabras.
Improvisaciones, apuros.

2,e) Aclamación del Evangelio:

Un período de silencio puede ser observado antes del canto de la Aclamación del Evangelio. Esto, comúnmente, es conducido por un cantor desde un micrófono separado del ambón para facilitar la procesión del Libro del Evangelio desde el altar hasta el ambón.

2) ESTRATEGIAS PARA AYUDAR A LA PROCLAMACIÓN:

Respiración: Respire profundamente desde el diafragma (estómago).

Ritmo: Hable a un ritmo que exprese el sentido de la lectura. Cambie el ritmo como sea necesario: no demasiado rápido ni demasiado lento.

Pausa: Pausa para enfatizar el significado de puntos importantes en la lectura.

Proyección: Escuchar la palabra ayuda a encender la esperanza. Proyecte su voz adecuadamente en el micrófono.

Expresión: Use un tono de voz apropiado a la naturaleza de la lectura y al espíritu de su mensaje.

Graduación: Una buena proclamación usa una variedad de graduaciones de la voz. Use una graduación más baja cuando sea apropiada para ayudar a una audición más fácil.

Pronunciación: Revise la pronunciación de palabras no comunes y practique en voz alta.

Conexión: Mirar al pueblo de Dios al inicio y al final de la lectura ayuda a conectarse con ellos en la palabra proclamada. Escuche cómo está saliendo la voz hacia la Asamblea, para graduar el tono.

SIGLAS:
ILM: Introducción al Leccionario para la Eucaristía.
OGMR: Ordenación General al Misal Romano, 2009.
OPS: Orientaciones para la Pastoral Sacramental, CECH, Santiago de Chile (2) 2010.
SC: Sacrosantum Conciluim, 1963.

FUENTE: The Reader of Good’ Word, del Departamento para la Evangelización de la Arquidiócesis de Melbourne, Australia. E: evangelisation@cam.org.au; http://www.cam.org.au/evangelisation. Traducción al castellano: Eduardo Quiroga J., Santiago de Chile, 29 de Marzo 2013. Se agregó al texto original el nr. 261 de las Orientaciones para la Pastoral Sacramental, CECH, Santiago de Chile, (2) 2010.

ANEXOS:
ANEXO 1) Algunas sugerencias:

1) Algo muy importante es: conocer el sentido, lo que permite mayor apropiación de los contenidos. Para preparar bien la lectura es conveniente leer el texto antes varias veces hasta tener la comprensión del texto o la ‘inteligencia del texto’.

2) Para mejorar la lectura es conveniente es leer ante algunos compañeros y ayudarse mutuamente a mejorar la lectura, es decir, corregirse mutuamente con caridad.

3) Junto con orar antes de leer, se requieren dos cosas: comprensión del texto y mucha práctica.

ANEXO 2) Extractos del texto ‘Sólo Para Lectores’ de Tito BALLESTEROS LÓPEZ.

1) PROCLAMAR ES ANUNCIAR. ALGUNAS DIFICULTADES:
Poca preparación.
Desconocimiento del lenguaje bíblico.
Nerviosismo.
Desconocimiento de normas litúrgicas.
Dificultades de vocalización, dicción, manejo del volumen, inflexiones en la voz, etc.
Poca concentración.
Falta mayor habilidad para hacer una excelente lectura pública.
Falta mayor espiritualidad.
Escasa formación en Biblia.
Poca preparación en manejo de recursos técnicos (micrófono y/o técnicas vocales)
No ser asiduo lector de las Escrituras.
No preguntar, responder o indagar sobre las Sagradas Escrituras.
Desconocer la fuerza y apoyo de la oración.
Desconocer técnicas de lectura.
Deficiente ilustración sobre sus verdaderas funciones.
Tener una visión reduccionista de su ministerio.
Lecturas mecánicas. Sin análisis, comprensión.
Vocalización y pronunciación equivocadas.

2) PROCLAMAR ES ANUNCIAR. ANTES DE HACERLO SE RECOMIENDA:
Meditar en silencio.
Dejar problemas personales fuera.
Pensar ideas positivas para obtener seguridad.
Hacer lectura preliminar del texto.
Conocer la forma como está escrito el texto: títulos, inter títulos, subrayados, negritas, etc.
Leer dos veces el texto para evitar errores en pronunciación: Emaús, Emaus. Antioquía, Antioquia.
Poner en escena los personajes y describir sus principales rasgos.
Buscar la estructura dominante.
Identificar ¿Cuál es la acción que da inicio al argumento?.
¿Cuál es el momento más crítico del relato? ¿qué va a pasar? ¿cómo se resolverá?.
Conocer palabras que resulten nuevas para el vocabulario.
Que las lecturas correspondan al día y el leccionario esté en el sitio que le corresponde: El ambón.
Saber si tendrá que pasar a una nueva página para leer. Preparar este movimiento.
Ensayar la proclamación. Ha de ser espiritual con sentido de Oración y reflexión.
No se está leyendo un periódico, revista.
Si está meditando, en ese momento se establece una comunicación con Dios.
Familiarizarse con el lugar. Si se es nuevo en la Comunidad o al menos, no un lector habitual allí
es bueno reconocer el lugar desde el cual se va a proclamar. Evitar sorpresas con cables, tipo de micrófono, encendido del mismo, etc.
Identificar elementos distractores y si es posible, retirarlos.
Establecer contacto visual con la asamblea.
Si hay ruido en la asamblea, esperar unos segundos hasta encontrar un ambiente de silencio ideal para empezar la Lectura.

3) POSTURAS:
Ser natural.
Mostrarse seguro.
Lo que se siente se transmite a la asamblea.
Recostarse denota desinterés.
El cuerpo contraído expresa decaimiento y falta de confianza en sí mismo; y un cuerpo expandido, todo lo contrario.
Leer erguido.
Que el peso del cuerpo esté distribuido en las dos piernas.
Que el ambón no lo tape. Que se vea la cara.
La boca es un punto de referencia. En la cara, la boca y principalmente en los ojos (comunicación con los ojos) se encuentra el centro de impacto visual (es lo que la asamblea mira).
La posición en el ambón debe ser decidida; es decir, no estar balanceándose, moviendo las manos.
Después de la primera lectura o el salmo, el servidor regresa despacio (despacio) a su sitio inicial. Guarda silencio y procura una postura silente sin distracción.
Una postura silente para el lector está determinada por su fraseo corporal y manejo de la mirada. Se mira a quien está proclamando. Así, si la asamblea mira a quien acaba de hacerlo, observará su alto nivel de atención y hará lo mismo o cuando menos no se distraerá.

4) LA MIRADA:
Se consideran más cercanas las personas que miran a su interlocutor; hacerlo de manera amable.
Mirar poco puede ser signo de timidez o falta de seguridad en lo que se lee.
La mirada acompaña las conversaciones y anima a la otra persona a comunicarse.
Levantar las cejas puede significar sorpresa y el fruncimiento de ellas falta de comprensión, sorpresa o disgusto.
No hacer gestos si se cometen errores.
Mirar el piso, techo o paredes no acerca la lectura. Por el contrario distrae.
Los ojos reflejan el estado interior.
Los movimientos de los ojos desarrollan una función muy importante en el transcurso de la interacción social.
Algunos autores hablan de la “dirección de la mirada”, “el movimiento de los ojos” o el “contacto visual”.
Se miran los ojos, no las cabezas.
Cuando el auditorio es masivo, entonces se miran las cabezas de quienes se encuentran al final del templo. Sentirán que son vistos, tenidos en cuenta.
La comunicación visual compromete al receptor.
Se mira la gente para hacerla participe.
Se mira de manera decidida.

5) TAREA:
Reunirse con lectores de la Parroquia para hacer realimentación de las intervenciones.
Reunirse con lectores de la Parroquia para estudiar la Palabra de Dios y orar con ella.
Reunirse con lectores de la Parroquia para hacer un estudio de las
condiciones técnicas en que se lee (micrófonos, iluminación, etc.).

6) GENERALIDADES:
No cambiar las palabras. Leer tal y como aparece en el leccionario.
Lo escrito en ROJO no se debe leer.
El ambón es el sitio propio del lector. El ambón es para ser utilizado para la Palabra proclamada. (Introducción al Leccionario para la Misa Nr. 31, 33).
Hacer pausa o disminuir la velocidad es válido si se quiere resaltar alguna expresión. No todo se dice a la misma velocidad. Los registros de voz están asociados con lo que se dice o con la intención comunicativa. Las pausas sirven como espacio de meditación y para respirar.
La Palabra se proclama.
El primero en escuchar y entender el mensaje leído es el lector.
El es emisor y receptor a la vez.
Evitar bajar el tono al final de las frases. Al contrario, subir un poco el tono al final evita que se pierdan las últimas sílabas.
Los lectores deben ser personas con testimonio de vida cristiana.
Llegar temprano. Así se podrán ubicar y repasar las lecturas.
El Leccionario no se debe levantar. Permanece sobre el ambón.
Mientras el lector cumple su función, la asamblea debe respetar la silla
del lector que ha estado vacía.
Conocer muy bien la estructura del leccionario.

No se trata de un simple acto de lectura pública. Se trata del paso de un mensaje sagrado al pueblo de Dios.
Desde el ambón no se debe leer ningún otro mensaje: cantos, avisos parroquiales, invitaciones a la
comunidad, colectas, rifas, etc.
Las lecturas se deben tomar del leccionario y no de hojas sueltas.
Según OLM 20-21 el Salmo debería ser cantado.
Un buen lector de textos o artículos académicos no necesariamente es un buen lector de la Palabra. En el segundo prima la vivencia del Evangelio, pues él conoce las verdades reveladas.
Se lee por un compromiso personal con Dios.
El lector de la Palabra nace en su experiencia de fe.
Leer con calma. Despacio, pausado.
Al terminar la lectura: Hacer paneo de grupo. Y después de una pausa decir: Palabra de Dios. Esperar la respuesta de la asamblea y retornar despacio al sitio de origen.

7) CONSIDERACIONES SOBRE LA LECTURA:
No leer todo a la misma velocidad.
Cuando se pasa de una línea a otra se debe ir directamente a la primera palabra de la siguiente línea. Leer frases completas y no palabras.
Se deben distribuir las palabras en unidades de tal manera que el sentido del texto sea accesible al oyente y así evitar equivocarse.
Saber leer es recordar que el lector ve los signos de puntuación, pero el oyente no.
No omitir sílabas ni terminaciones.
Tener conocimiento de la Palabra de Dios.
Tener buen conocimiento sobre la doctrina de la Iglesia.
Sentir y vivir la Palabra como un Misterio Revelado.
Dar el tono adecuado. Este se logra cuando se conoce el tipo de lectura que se hace. Histórica, meditativa, exclamativa, etc.
Géneros literarios para el lectorado: histórico, moral, dogmático, profético y lírico.

8) LO TÉCNICO:
Que el micrófono esté a la altura indicada. Si no lo está puede moverse siempre y cuando esté
apagado. Moverlo encendido genera ruido e incomoda a la asamblea.
Prestar atención al golpe de micrófono o al seseo. Para evitarlos abra más la boca. Se ganará
en volumen y eliminarán esos incómodos sonidos.
Reconocer el micrófono. Unidireccional Multidireccional.
A mayor sonido, mayor amplitud del error, del defecto.
A veces, el problema no está en el sonido, está en la distancia que se toma del micrófono. Ensayar la distancia personal. Conocerla, recordarla y practicarla. Revisar micrófonos, recursos técnicos,
baterías (inalámbricos), luces. 9) LA RESPIRACIÓN:
Cuatro condiciones para respirar bien: libertad, lentitud, finura y equilibrio.
Si falta el aire, la voz será débil, temblorosa, sin firmeza, cansada.
La respiración es una herramienta básica para el trabajo psicofísico.
Porque es la función donde hay un mayor acercamiento entre los sistemas nerviosos involuntario y voluntario. Es la única función vegetativa que es fácil de hacer sin ningún tipo de entrenamiento. Esto hace que la respiración tenga una influencia tanto en nuestro yo consciente como en nuestro yo no consciente.
Realizar un ejercicio de relajación, sencillo, breve, como por ejemplo realizar una inspiración profunda, retener el aire cinco segundos y dejarlo salir después lentamente. Repetir 5 veces.

10) GENERALIDADES:
Hablar pausadamente. No precipitarse, pues no se trata de terminar pronto, sino de
comunicar un mensaje.
Tener en cuenta a las personas más lejanas.
Cerciorarse que estén oyendo bien.
Emplear un tono más elevado que el timbre natural de voz que se tiene.
Leer en presencia de un amigo – amiga y permitir la corrección fraterna.
Mantenerse en el ambón. Escuchar la respuesta de la asamblea. Luego, retirarse despacio.
Cultivar el deseo por querer conocer siempre las Escrituras
Si se ha preparado y se tiene una estructura ensayada, lo más posible es que todo salga bien.
El buen lector tiene a mano y consulta con frecuencia el diccionario.
El miedo es común a todo orador. Para controlarlo, hay que aprender a respirar y mirar a la asamblea antes de pronunciar las primeras palabras.
Los gestos, especialmente aquellos inadvertidos de la cara y en general del cuerpo, delatan ante el interlocutor, como por ejemplo, la forma de ser, pensar o sentir.
Respirar antes de empezar a leer, genera tranquilidad y regula la velocidad.
No decir: salmo responsorial o al salmo respondemos. No. Se inicia con la antífona.
Para la realización de sus funciones, el lector debe estudiar con regularidad la Palabra de Dios.
La asamblea es activa.

11) LENGUAJE CORPORAL:
Frotarse las manos: impaciencia.
Golpear ligeramente los dedos: Impaciencia.
Cruzar los brazos denota actitud defensiva.
¿Cuál es la posición de las manos y ocupación del espacio?
No es bueno mantener las manos en los bolsillos, entrelazarlas sobre la espalda, mantener
los brazos en la cintura.
Las señales corporales muestran un depósito de emociones y creencias. El que no puede ser
consciente de sus propias señales corporales, tampoco podrá reconocer las señales de los otros.
Las manos forman parte del lenguaje para-lingüístico.
La práctica del fraseo corporal consiste en lograr una flexibilidad expresiva suficiente para que se
armen las frases para generar el discurso corporal.
El lector se acerca al ambón lentamente y con reverencia.
Moverse despacio. Que no distraiga a la asamblea. Los movimientos litúrgicos son pausados.
No correr para llegar al ambón y tampoco hacerlo al salir de él.

12) Problemas frecuentes y posibles soluciones:
Seseo: Abrir la cavidad bocal.
Hacer gestos al equivocarse: Mantener economía gestual.
Desconocimiento de la liturgia: Cursos y talleres de formación.
Evasión de la mirada: Comunicarse con la Asamblea a través la mirada.
Errores en la lectura: Evitar subvocalización y volver a leer, aunque a veces será mejor pedir disculpas y repetir lo que se leyó mal, para que no quepa duda de la Palabra de Dios.
Falta de comprensión: Buscar estructura dominante.
Altura y ajustes de micrófonos: Llegar temprano y revisar equipos.
Pronunciación equivocada: Ensayar, preguntar a quien pueda ayudar.

13) LECCIONARIO:
Desde el comienzo de la Iglesia, se acostumbró leer las Sagradas Escrituras en la primera parte de la celebración de la Eucaristía. Al principio, los libros del Antiguo Testamento. Y en seguida, también los libros del Nuevo, a medida que éstos se iban escribiendo (+1Tes 5,27; Col 4,16).

Al paso de los siglos, se fueron formando leccionarios para ser usados en la Eucaristía. El leccionario actual, formado según las instrucciones del Vaticano II (SC 51), es el más completo que la Iglesia ha tenido, pues, distribuido en tres ciclos de lecturas, incluye casi un 90 por ciento de la Biblia, y respeta normalmente el uso tradicional de ciertos libros en determinados momentos del
año litúrgico.

El Salmo responsorial da una respuesta meditativa a la lectura -a la lectura primera, si hay dos-. La Iglesia, con todo cuidado, ha elegido ese salmo con una clara intención cristológica. Así es
como fueron empleados los salmos frecuentemente en la predicación de los apóstoles (+Hch 1,20; 2,25-28.34-35; 4,25-26). Y ya en el siglo IV, en Roma, se usaba en la Misa el Salmo
responsorial, como también el Aleluya -es decir, «alabad al Señor»-, que precede al Evangelio.

Los leccionarios editados últimamente tienen una introducción general llamada “Ordenación de las Lecturas de la Misa” (OLM). En ella está la doctrina de la Iglesia sobre la Palabra de Dios.
a) Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año A.
b) Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año B.
c) Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año C.

14) PARA RECORDAR:
Lectura continuada cuando se lee todo el libro de la Biblia de seguido, de continuo. Un día se lee un texto y al día siguiente se sigue sin dejar nada. Cuando se dejan partes se dice que es Lectura
semi-continua.

Para los días feriales (Días feriales o ferias, se llama a los días que no es fiesta en la Iglesia). Fiesta en la Iglesia, no es lo mismo que fiesta en lo civil. Hay muchos días de santos que son fiesta.

Lecturas del propio (Propio de Santos. Algunos santos y santas tienen para la celebración de la Misa textos propios de ellos. Por esto se dice Lecturas del propio) y del común (Del común: se dice
porque hay unas lecturas que valen para todos los santos).

Lecturas para las misas en diversas circunstancias y misas votivas (Misas votivas son aquellas misas que algunos días se pueden celebrar por alguna necesidad).

Rituales. Lecturas para las celebraciones de los sacramentos, Profesión religiosa, consagración de vírgenes y exequias de adultos y niños.

15) Glosario:
Ambón: lugar del anuncio profético y apostólico, pascual e iluminante (MGR 83 – CAP.V c. 272). La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la Iglesia haya un sitio reservado para su anuncio, hacia el que, durante la liturgia de la Palabra, se vuelva espontáneamente la atención de los fieles.

Leccionario: La palabra leccionario, en su sentido amplio, es un término el cual se puede aplicar
correctamente a cualquier escrito litúrgico que contenga los pasajes a ser leídos en voz alta durante los servicios de la Iglesia.

El libro-signo de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia es el Leccionario, recuperado como
libro litúrgico propio por la reforma litúrgica ordenada por el Vaticano II.

Misal: Al celebrar la Misa, se coloca sobre el Altar, el Misal que como ya sabemos es un libro de oraciones y lecturas, que son necesarias para celebrar la Santa Misa.

Año litúrgico: el año civil comienza el primero de enero. El año litúrgico cristiano comienza con el primer domingo de Adviento (fines de noviembre comienzos de diciembre) y está formado por
“tiempos litúrgicos” que son: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario.

Tiempo Ordinario: El término “Tiempo Ordinario” tiende a mal interpretarse. En el contexto del año litúrgico, “ordinario” no significa “común, corriente”. Tiempo Ordinario es la parte del
Año litúrgico que se encuentra entre los tiempos de Navidad y Cuaresma y entre Pascua y Adviento. Durante el Tiempo Ordinario la Iglesia celebra el misterio en todos sus aspectos. Las
Lecturas durante este tiempo ayudan a instruir en cómo vivir la fe cristiana diariamente.

Antiguo Testamento: conjunto de libros de la Biblia redactados antes de Cristo. Corresponde a la antigua Alianza entre Dios y el pueblo de Israel. Son cuarenta y siete libros.

Cuaresma: periodo del año litúrgico que va desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo (cuarenta días) durante el cual los cristianos se preparan para celebrar la Pascua de Resurrección.

Doctrina Social de la Iglesia: desarrollo de la enseñanza social del Evangelio, aplicada a los problemas típicamente modernos de la vida común.

Fuente del Anexo: Son extractos del texto ‘Sólo Para Lectores’ de T. Ballesteros.
(Nota: lo que está en cursiva se agregó al texto original).
TITO BALLESTEROS LÓPEZ: Comunicador Social (UNAB). Ha realizado intercambios comunicacionales con la Iglesia en diferentes países. En los últimos años como Comunicador Social de la Arquidiócesis de Bucaramanga, ha participado en diferentes encuentros a nivel nacional sobre comunicaciones sociales.

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