3° Domingo de Adviento

Juan 1,6-8. 19-28

1. Oración Inicial: Padre bueno, envíanos el Espíritu Santo, para que podamos acoger a Jesús que pasa por nuestra historia y ofrece la vida por la humanidad. Danos una visión límpida y un corazón abierto para escuchar e interpretar tú Palabra. Danos el estar siempre preparados para colaborar en la construcción de tu Reino. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

Adviento 32. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Juan el Bautista fue un profeta con muchos discípulos y un protagonismo popular. Jesús lo definió como el más grande entre los nacidos de mujer. Y no obstante, según Jesús, el más pequeño en el Reino es más grande que Juan. (Mt 11,11). Juan sabía esto. Alabado por los otros, no se alababa por cuenta propia. Después que Jesús comenzó a anunciar el Reino de Dios, él supo cederle el puesto. Sus discípulos, al contrario, no tuvieron su grandeza de alma. Se sintieron envidiosos. Juan les ayudó a superar el problema. De hecho no es fácil ceder el puesto y la guía a otros y colaborar con ellos para que puedan realizar su propia misión. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 1,6-8. 19-28: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2) ¿Con qué palabras comienza el texto de hoy? ¿Qué quieren decir esas palabras?
3) ¿Con quienes dialoga Juan el Bautista? ¿Qué le preguntan? ¿Qué responde Juan?
4) ¿Cuáles son las tres definiciones negativas con que Juan se define? ¿Qué dice finalmente Juan de sí mismo?
5) Usando una frase del Antiguo Testamento para decir lo que él es, Juan desvía la atención de sí mismo sobre Jesús. ¿Qué nos dice esto acerca de Juan y de Jesús?
6) ¿Qué punto te ha llamado más la atención y te ha gustado más en la conducta de Juan Bautista?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

La misión de Juan Bautista puede tomarse como símbolo de la misión de toda persona cristiana: no suplantar a Jesús, sino gastar la vida en abrirle camino, a su causa, ¡el Reino! ¿Estamos siendo buenos precursores del Reino que Jesús anunció? ¿Allanamos montes, rellenamos quebradas, abrimos caminos? Explicar.
¿Qué mensaje nos brinda hoy el testimonio de Juan?
¿Cómo puede todo esto ayudarnos a celebrar la Navidad?
¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Soy la voz del que clama en el desierto. Allanen el camino del Señor».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿A qué nos compromete el dar testimonio de Jesús? Ofrece a Jesús un gesto concreto de compartir tu tiempo y recursos con los que más necesitan. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Dios nuestro, Tú que quieres que trabajemos de tal modo que cooperando unos con otros, realicemos en esta tierra tu Reino. Ayúdanos a asumir, en medio de nuestros trabajos diarios, nuestra condición de pueblo tuyo y hermanos(as) de todas las personas. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
2. Juan Bautista en el evangelio de Juan: El Evangelio de Juan fue escrito al final del primer siglo. En aquel tiempo, tanto en Palestina como en toda el Asia Menor, dondequiera que hubiese una comunidad de judíos, había también personas que habían tenido contacto con Juan el Bautista o que habían sido bautizados por él (He 19,3). Juan Bautista provocó un movimiento popular muy grande. El mismo Jesús se adhirió a su movimiento y se hizo bautizar por él en el río Jordán. También después de la muerte, Juan Bautista seguía ejercitando una gran atracción e influencia, tanto entre los judíos como entre los cristianos que provenían del judaísmo (He 19,1-7). Las informaciones sobre Juan Bautista conservadas en el cuarto evangelio son las siguientes: a) Juan viene para dar testimonio de la luz (1,6-8); b) Jesús viene después de Juan y también es discípulo de Juan. No obstante esto, Él es más importante que Juan, porque existía antes que Juan: “El que viene detrás de mí, ha pasado delante de mí, porque era primero que yo” (1,15-30). Jesús es la Palabra creadora que estaba junto al Padre desde la creación (1,3); c) Juan confesó abiertamente: “Yo no soy el Cristo. No soy Elías. No soy el profeta que espera el pueblo. Soy sólo uno que clama en el desierto, enderezad el camino del Señor” (1,19-23); d) De frente a Jesús, Juan se considera indigno de desatar la correa de su zapato y dice: “Él debe crecer y yo disminuir” (1,27; 3,30); e) Con respecto a Jesús él declaró al pueblo: “He visto descender el Espíritu Santo del cielo como una paloma y posarse sobre Él: Ese es el que bautiza en el Espíritu Santo” (1,32-33); f) Juan señala a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1,29-36), el amado de Dios (1,34).

3. El puesto de Juan en el plan de Dios; dar testimonio de la luz. (1,6-8): El Prólogo del cuarto Evangelio afirma que la Palabra viva de Dios está presente en todas las cosas y brilla en las tinieblas como una luz para cada persona. Las tinieblas intentan apagarla, pero no lo consiguen (1,15). Ninguno consigue esconderla, porque no podemos vivir sin Dios por mucho tiempo. La búsqueda de Dios, siempre de nuevo, renace en el corazón humano. Juan Bautista viene para ayudar al pueblo a descubrir esta presencia luminosa de la Palabra de Dios en la vida. Su testimonio fue tan importante, que muchas gentes pensaban que él era el Cristo (He 19,3; Jn 1,20). Por esto el Prólogo aclara: “Juan no era la luz. Vino para dar testimonio de la Luz”

4. El testimonio negativo de Juan sobre sí mismo: él no es lo que los otros piensan de él. (1,19-21): Los judíos envían sacerdotes y fariseos para saber quién es este Juan que bautizaba al pueblo en el desierto y que atraía a tanta gente de todas partes. En vez de decir quién es, responde lo que no es: “¡No soy el Mesías!” Añade otras dos respuestas negativas: él no es ni Elías, ni el Profeta. Se trata de aspectos diferentes de la misma esperanza mesiánica. En los tiempos mesiánicos, Elías debería volver para llevar el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. O sea, habría regresado para restaurar la convivencia humana (Ml 3,23-24; Sl 48,10). El profeta anunciado para llevar en el futuro a buen término la obra iniciada por Moisés, era visto por el pueblo como el Mesías esperado (Dt 18,15). Juan rechaza estos títulos mesiánicos, porque él no era el Mesías. Existían muchas versiones sobre la misión de Elías. Algunos decían que el Mesías sería como un nuevo Elías. En este sentido Juan no era Elías. Otros decían que la misión de Elías era sólo la de preparar la venida del Mesías. En este sentido Juan era Elías. Las preguntas de los fariseos y sacerdotes sobre el significado de Juan Bautista dentro del plan de Dios eran también las preguntas de las comunidades. Así, las respuestas de Jesús, recogidas por el evangelista, servían también para las comunidades.

5. Los testimonios positivos de Juan: él es sólo uno que prepara el camino (1,22-24): Los enviados de los sacerdotes y fariseos querían una respuesta clara, porque debían dar cuenta a los que les habían encargado interrogar a Juan. Para ellos no bastaba saber lo que Juan no era. Querían saber quién es él y que cosa significa dentro del plan de Dios. La respuesta de Juan es una frase tomada del profeta Isaías: “Soy la voz del que clama en el desierto. Enderezad los caminos del Señor” (1,23). En este uso del Antiguo Testamento aparece la mística que animaba la lectura que los primeros cristianos hacían de la Sagrada Escritura.

6. Significado del bautismo y de la persona de Juan (1,25-28): En las comunidades cristianas a fines del siglo primero había personas que conocían sólo el bautismo de Juan (He 18,25; 19,3). Entrando en contacto con otros cristianos que habían sido bautizados en el bautismo de Jesús, ellos querían saber cuál era el significado del bautismo de Juan. En aquel tiempo el bautismo era una forma con la cual la persona se comprometía con un determinado mensaje. Quien aceptaba el mensaje estaba invitado a confirmar su decisión a través de un bautismo. Por ejemplo, con el bautismo de Juan la persona se vinculaba al mensaje anunciado por Juan. Con el bautismo de Jesús, la persona se vinculaba con el mensaje de Jesús que les comunicaba el don del Espíritu (He 10,44-48; 19,5-6). “En medio de ustedes está uno a quien no conocen”. Esta afirmación de Juan Bautista se refiere a Jesús, presente en la muchedumbre. Hoy Él está en medio de nosotros(as) y también hoy, muchas veces, no lo conocemos.

Preparado por P. Gerardo Barmasse, C.S.C. Se encuentra el artículo original aquí:


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