Domingo: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Juan 2,13-25

1. Oración Inicial: Espíritu Santo de Dios, fuiste enviado por Jesús para conducirnos a la verdad total; abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Haz que aprendamos a escuchar con un corazón bueno y abierto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto con nuestra perseverancia. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

122Ha2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Los otros evangelios sitúan este relato en la última semana de la vida de Jesús. Juan ha anticipado este relato debido a su carácter programático. El evangelista quiere mostrar desde el principio que Jesús inaugura un tiempo nuevo en las relaciones del ser humano con Dios. Jesús reemplaza al templo antiguo, representativo de todo el judaísmo, incluida la ley, y se presenta como el verdadero templo, el lugar del encuentro entre Dios y los seres humanos. La pascua de Jesús –restauración del templo destruido lo pondrá de relieve. Entonces, a la luz del Espíritu, sus discípulos comprenderán el sentido de estas palabras suyas. Los vs.23-25 son una especie de resumen de la actividad o enseñanza de Jesús, y de las reacciones positivas que provoca; pero al mismo tiempo se exponen las serias reservas de Jesús frente a una fe inicial entusiasmada por lo extraordinario. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 2,13-25: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2) En el texto, ¿Dónde se encuentra Jesús? ¿Qué significaba el Templo para los judíos?
3) ¿Cuál es la reacción de Jesús cuando ve lo que sucede allí? ¿Por qué lo hace?
4) ¿Qué le cuestionan los judíos? ¿Qué dice Él?
5) “Muchos creyeron en Jesús al ver los signos que realizaba.” ¿Cómo reacciona Jesús frente a esta fe inicial entusiasmada por lo extraordinario?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a) ¿Soy capaz de confiarme a Dios completamente en un acto de fe o pido siempre signos extraordinarios o milagros?
b) Dios me proporciona muchos signos de su presencia en mi vida. Señalar algunos.
c) ¿Cómo sacar a los mercaderes de nuestra propia vivienda?
d) En Latinoamérica el 20% de la población acapara el 80% de los recursos y ese 20% más rico dice ser cristiano. ¿Qué pensar del “Templo” cristiano hoy?
e) ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había pronunciado».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Que nuestra conducta esta semana sea un signo de la presencia de Cristo. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Oh Padre, Tú has constituido a tu Hijo Jesús templo nuevo de la nueva y definitiva alianza, construido no por manos de seres humanos sino del Espíritu Santo. Haz que, acogiendo con fe su Palabra, vivamos en Él y podamos así adorarte en espíritu y verdad. Abre nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos(as) que son miembros del cuerpo de Cristo, para que sirviendo a ellos te demos el verdadero culto que tú deseas. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
2. Sacrificios en el Templo: Con motivo de la fiesta, y para atender a las necesidades de los peregrinos, se organizaba en torno al templo, en el atrio de los gentiles, un gran mercado que ofrecía todo lo necesario para los sacrificios. Los más pudientes compraban ovejas o bueyes. Los menos afortunados adquirían palomas. La presencia de los cambistas era necesaria ya que las ofrendas debían hacerse en moneda judía, para evitar las efigies del emperador o de los dioses paganos que figuraban en otras clases de moneda. Era todo un negocio, sobre todo para la clase sacerdotal. El gesto de Jesús es interpretado como una acción profética en la tradición sinóptica, que cita a Isaías (Is 56,7) y a Jeremías (Jr 7,11). El texto de Juan cita a Zacarías (Zac 14,21), que hace referencia clara a los tiempos mesiánicos. Estos han llegado. Es la gran enseñanza que ofrece el evangelio de Juan: Jesús inaugura un tiempo nuevo en el campo de las relaciones del ser humano con Dios. Reemplaza al templo antiguo, que era la institución más significativa de Israel.

3. “Los Judíos” en el Ev. de Juan: El Evangelio de Juan tiene el carácter de un largo debate sobre la identidad de Jesús. En este debate cristológico está de una parte Jesús y de la otra “los Judíos”. Pero este debate, más que la situación histórica del tiempo de Jesús, expresa la situación desarrollada hacia los años ochenta del primer siglo entre los seguidores de Jesús y los hebreos, que no lo han aceptado como Hijo de Dios y Mesías. Ciertamente, el enfrentamiento se inició ya durante el ministerio de Jesús. Pero la división entre los dos grupos, que étnicamente eran todos lo mismo y constituido por hebreos, se hizo definitiva cuando aquellos que no aceptaban a Jesús como Hijo de Dios y Mesías, sino que lo tenían como blasfemo, expulsaron a los seguidores de Jesús de las sinagogas, o sea, de la comunidad de fe hebraica (ver Jn 9, 22; 12,42; 16,2). Por tanto, “los Judíos” que encontramos a menudo en el cuarto evangelio no representan al pueblo hebreo. Son los elementos literarios en el debate cristológico que se desata en este evangelio. Ellos representan, no una raza, sino a aquellos que han tomado una posición clara de rechazo absoluto de Jesús. En una lectura actualizada del evangelio, “los Judíos” son todos aquellos que rechazan a Jesús, sea cual sea la nación o época a la que pertenezcan.

4. Los signos: Las curaciones y otras acciones taumatúrgicas de Jesús que los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) llaman milagros o prodigios, Juan los llama signos. En cuanto que son signos señalan algo que va más allá de la acción que se ve. Ellos revelan el misterio de Jesús. Así, por ejemplo, la curación del ciego de nacimiento revela a Jesús como luz del mundo (Jn 8,12; 9, 1-41); la resurrección de Lázaro revela que Jesús es la resurrección y la vida (ver Jn 11, 1-45). En nuestra narración los “Judíos” piden un signo en el sentido de una prueba, que autentificara las palabras y acciones de Jesús. Pero en el cuarto evangelio, Jesús no obra signos como pruebas que garanticen la fe. Una fe basada en los signos no es suficiente. Es sólo una fe incipiente que puede conducir a la verdadera fe (ver Jn 20.30-31), pero que también puede no tener éxito (ver Jn 6,26). El evangelio de Juan nos pide que vayamos más allá de los signos, de no quedarnos en lo maravilloso, sino acoger el significado más profundo de revelación que los signos quieren indicar.

5. Jesús nuevo Templo El templo de Jerusalén era el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Sin embargo, los profetas insistieron incesantemente en que no bastaba acceder al templo y ofrecer sacrificios para ser agradables a Dios (ver Is 1,10-17; Jer 7, 1-28; Am 4, 4-5; 5, 21-27). Dios pide la obediencia y una vida moralmente recta y justa. Si el culto exterior no expresa estas posturas vitales, es vacío (ver 1 Sam 15, 22). Jesús se injerta en esta tradición profética de purificación del culto (ver Zac 14, 21 y Mal 3,1 para la acción del futuro “Mesías” a este respecto). Los discípulos lo admiran por esto y rápidamente piensan que por este modo de comportarse tendrá que sufrir en la persona como Jeremías (ver Jr 26, 1-15) y los otros profetas. Pero para el evangelio de Juan la acción de Jesús es más que un gesto profético de celo por Dios. Es un signo que prefigura y anuncia el gran signo de la muerte y resurrección de Jesús. Más que una purificación, lo que hace Jesús es anunciar la abolición del templo y del culto allí celebrado, porque ya el lugar de la presencia de Dios es el cuerpo glorificado de Jesús (ver Jn 1,51; 4, 23).

6. Muchos creen en Jesús. Los milagros-signos que hace Jesús carecen de importancia si no llevan a la fe. Cuando la gente preguntó a Jesús qué obras debía realizar para cumplir la voluntad de Dios, él contestó: la única obra es la fe (6,29). Aquí se manifiesta Jesús sobre la necesidad de la fe en la palabra (2,23-25). Si el entusiasmo suscitado por Jesús no lleva a la fe verdadera, a la que se apoya en su palabra, es como rocío mañanero, no sirve de nada. El milagro puede suscitar la fe si se convierte en signo; si se descubre a Dios actuando en él; si el milagro es otro medio de predicación, como lo fue en tiempos de Jesús. Siempre será muy precaria una fe que necesita de los milagros como soporte de la misma (7,31; 10,42; 14,11). La bienaventuranza de la fe va dirigida a aquellos que creyeron sin haber visto (20,29), fiándose de su palabra o del testimonio apostólico (4,48).