La cruz, nuestra única esperanza

Beato Basilio Moreau, C.S.C.
Beato Basilio Moreau, C.S.C.

¿Has pensado acerca de cómo experimentas la cruz de Jesucristo? ¿Has pensado sobre el poder de esta cruz en tu vida diaria? ¿Es esta cruz relevante en tu vida? Esto es para los discípulos corresponsables del Señor, quienes reconocen la esperanza que Cristo trae a través del don de su cruz. Saben que para ellos, la cruz es su única esperanza.

Como Jesucristo, somos llamados a cumplir nuestra labor en el medio del pecado y del dolor y encontrar la cruz y la esperanza que nos promete. “El rostro de todo el ser humano que sufre es para nosotros el rostro de Jesucristo que subió a la cruz para quitarle el aguijón a la muerte. Debemos tener la misma cruz y la misma esperanza” (Constitución C.S.C. #114). En la conferencia que Beato Basilio Moreau, C.S.C. dio en St. Laurent, Canadá, él invitó a los religiosos: “Mantengamos nuestras constituciones; vamos llevar nuestra cruz, renunciemos de nosotros, sigamos a Jesucristo y así consecuentemente nos santificaremos y obtendremos la vida eterna”.

Ser un discípulo corresponsable de nuestra vida en Cristo no es fácil, pero abrazar la cruz no sólo es contracultural, sino que parece absurdo. A continuación, una vez más no podemos evitar lo que Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la salvará.” (Lucas 9:23-24).

La cruz es abrazada con mayor complacencia por las personas de fe que sufren, que viven en pobreza, que están destrozadas, o que son víctimas de tales cosas como la violencia, la opresión o los desastres naturales. Ellas ven la cruz como la esperanza que sin importar lo que les haya sucedido, Dios vela por ellas. El Padre lo hizo por Jesús, quien fue crucificado, así que con seguridad sus sufrimientos serán redimidos por los sufrimientos de Jesús.

Donde la gente posee mucha abundancia material, bienestar y esparcimiento, hay por lo contrario una tendencia a disminuir importancia a la cruz, a alejarse de ella. Ellos no pueden tocarla o sentirla, así que desean “salvar” sus vidas buscando otras cosas, poder, riqueza, fama, relevancia, ser el centro de atención. Lo que se predica acerca de la cruz desde el púlpito suena bien, pero en la realidad lo que es deseado es algo más tangible.

Cristo se despojó de sí mismo por completo en humilde obediencia, permitiéndose sufrir y morir por compasión para el mundo (Filipenses 2:6-11). Los discípulos corresponsables siguen su ejemplo y trabajan día a día para negarse a sí mismos y vivir compasivamente; con una mayor percepción, compartiendo su vida con otros.

“Tenemos que ser hombres que traigan esperanza. No hay fracaso que Dios no pueda revertir, ninguna humillación que no pueda tornarse una bendición, ninguna rabia que no pueda ser disuelta, no hay rutina que no pueda ser transformada” (#120). Esa ha sido la esperanza que el Padre Moreau vivió y la esperanza que nos sostendrá a todos.