Discípulos corresponsables son misioneros

El Papa Francisco fue muy claro de su visión de la Iglesia en Evangelii Gaudium:

Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. (#27)

En el Arzobispado de Santiago, vivimos la Misión Teritorial. Se ve todo esto en el marco de la nueva evangelización. ¿Qué es “nuevo” acerca de un concepto, el cual ha sido siempre la misión central de la Iglesia? Nosotros estamos recibiendo un “llamado para despertar”, recordándonos la urgente necesidad de extender y compartir el Evangelio de Jesucristo.

Los discípulos corresponsables son misioneros y comprenden la necesidad de compartir su fe con otros. Cada miembro de la Iglesia es llamado a evangelizar, y la práctica de la auténtica corresponsabilidad cristiana nos conduce inevitablemente a la evangelización. Como corresponsables de los misterios de Dios (cf. 1 Corintios. 4,1), los fieles cristianos desean comunicar a otros acerca de ellos mismos y acerca de la luz derramada sobre la vida humana, para compartir la gracia y dones que ellos han recibido de Dios, especialmente el conocimiento de Cristo Jesús.

Luciano misionando en la feria.
Luciano Alvarado misionando en la feria.

Cada miembro de la Iglesia es llamado a misionar. Pero, ¿cómo responden los católicos a este llamado? Primero, como Católicos necesitamos estar atentos a la renovación de nuestras propias promesas bautismales y educarnos a nosotros mismos en nuestra fe. Los discípulos corresponsables comprenden la necesidad de una formación y catequesis continua para profundizar incesantemente su relación con Cristo.

Segundo, no debemos olvidar nunca el valor del testimonio de nuestras propias vidas. A través de nuestras acciones diarias, arraigados en Cristo, nosotros damos al mundo la señal más clara de la presencia de Dios entre nosotros y dentro de la Iglesia.

Tercero, inspirados por el Espíritu Santo, nosotros debemos proclamar las Buenas Nuevas en palabras. En su carta pastoral de 1975, Sobre la Evangelización en el Mundo Moderno, (Evangelii Nuntiandi), el Papa Pablo VI enfatizó la importancia de no solamente vivir en Cristo sino de HABLAR con otros acerca de nuestra vida en Cristo. Nosotros debemos tener el valor de invitar a otros a unirse con nosotros en nuestra relación con Cristo. Esto incluye invitar a otros católicos, y a aquellos quienes han dejado de practicar su fe católica.

Cuarto, nosotros debemos estar dispuestos a dialogar, en un espíritu de amor y respeto. Debemos escuchar con tolerancia la incredulidad, las dudas, el dolor y el sufrimiento de otros. Nuestro compartir del Evangelio no debe ser impuesto o coercitivo. El único deseo de los auténticos misioneros es entregar libremente, con paciencia y amor, lo que ellos mismos han recibido libremente.

Justo antes de ascender al cielo, Jesús dio este mandato: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda criatura.” (Marcos 16,15). La misión no es una opción. Es parte de nuestro compromiso bautismal y viene del mismo corazón de nuestra fe. Ejercitar una buena corresponsabilidad del Evangelio implica la disponibilidad para compartirlo con otros.