Amistad en el Camino

Se podría contar la historia del Camino a través de la lente de las ampollas y el esfuerzo. Igual, se puede contarla por los amigos que uno conoce a lo largo del Camino.

Carlos Ávila Novás en el Monasterio de Irache.
Carlos Ávila Novás en el Monasterio de Irache.

Camino de 2010
Mi padre y yo nos conocimos a Carlos Ávila Novás en un tren de Madrid a Pamplona el 3 de julio de 2010. Paul, Raúl, mi papá y yo viajábamos a iniciar el Camino de Santiago en Saint-Jean-Pied-de-Port, Francia. Conversando con Carlos, él también viajaba a Roncesvalles para iniciar el Camino. Él y Miguel Ángel, otro peregrino, caminaron con nosotros a la estación de autobuses, y, cuando llegamos a Roncesvalles, Carlos y Miguel Ángel decidieron acompañarnos a Francia para comenzar el Camino.

A la mañana siguiente, cuando empezamos nuestro viaje a través de los Pirineos, dijo Carlos, “Comienza viejo para terminar joven”. Era su gentil recordatorio de que no debía gastar demasiada energía demasiado temprano en el día. Yo no sabía cuanto esfuerzo se necesita para cruzar los Pirineos.

Carlos me enseñó a usar mis bastones de manera más eficiente. Carlos nos enseñó sobre el ritmo de la jornada en el Camino. Comience temprano antes de que el calor del día. Cuando entra al albergue, ducha, lava su ropa para que se seca, y luego almuerza. Carlos también enseñó el arte de la atención a los pies. Tanto en 2010 y 2014, él trataba a mis ampollas y me ayudó a seguir caminando.

Carlos, un banquero jubilado de Sevilla, ha recorrido el Camino muchas veces y de muchas rutas. Estaba particularmente interesado en mi papá como quiso ver cómo un hombre un poco mayor que él lleva a cabo en el Camino. Cuando Carlos cumple 70 años, espera caminar desde Santiago de Compostela a Roma. Carlos es un caminante increíble. Su velocidad y resistencia son una maravilla. En 2010, después de caminar con nosotros durante dos semanas, volvió a su ritmo normal y llegó a Santiago una semana antes que nosotros. Aunque ya se había ido de Santiago, regresó a Santiago, afeitado y en ropa normal, con su esposa para recibirnos a nosotros (mi papá y yo) al llegar.

Mi papá y Carlos en Estella, España.
Mi papá y Carlos en Estella, España.

Camino de 2014
Cuando me puse en contacto con Carlos acerca de nuestro interés a recorrer el Camino de nuevo, Carlos entró en acción. Cada verano, él camina el Camino. Después de nuestro autobús de noche desde Madrid que nos trajo a Pamplona a las 6:30 a.m., Carlos estaba allí en la estación de autobuses esperandonos listo para empezar a caminar por la mañana. Carlos preparó mapas para cada etapa del viaje. En la parte posterior de la hoja, dibujó un boceto de la elevación dentro del transcurso del día y una lista de albergues recomendados. Carlos también trajo nuestras credenciales para el Camino, que adquirió en su santuario favorito de la Virgen cerca de su casa. Carlos sólo podía caminar con nosotros durante unos días, ya que tenía un compromiso de caminar una ruta diferente con algunos amigos. Así, Carlos se unió a nosotros esos primeros días, incluyendo el cumpleaños de mi papá. Luego, regresó a Pamplona y de allí a Bilbao, donde se reunió con otros amigos para caminar la ruta del norte. Aunque estábamos por delante de él, su ritmo lo trajo en Santiago ante nosotros.

Durante nuestros paseos, compartimos largas conversaciones sobre nuestras vidas, nuestras familias y nuestra fe, así como temas de la historia y de nuestro mundo. También hablamos de alimentos y bebidas (empezando por el agua, además del vino y la cerveza).

Carlos es un amigo generoso y querido. Es difícil imaginar un amigo dispuesto a viajar desde el sur de su país hacia el norte sólo para caminar por unos días con los amigos, pero este es un ejemplo de las amistades que nacen del Camino.

Para aquellos que han recorrido el Camino, este tipo de amistad no es extraño. Hay un espíritu de amistad en el Camino que hace los lazos especiales entre peregrinos. A veces, una conexión humana construye rápidamente y es profunda y duradera, u otras amistades son para la duración del Camino. Al final, estos lazos de amistad tocan nuestros corazones, mentes y almas de una manera especial que se quedan con nosotros no importa cuántas veces nos vemos o conectamos con los que formaron una parte tan esencial de lo que es el Camino para un peregrino.


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