Siete sugerencias para padres en el Día de Padres

He tenido numerosas conversaciones con papás católicos acerca de los retos de criar a los niños en el mundo actual. Las conversaciones se centran generalmente en las malas influencias culturales que afectan a los niños, horarios agitados laborales, y el deseo bien intencionado para ser mejores padres.

Los padres tienen buenas intenciones, pero ¿cómo se mueven de la conversación a la acción? Hay mucho en juego, y esta generación de niños necesita desesperadamente los padres a la altura de sus responsabilidades.

Tuve la bendición de crecer con unos padres estupendos. No teníamos mucho, pero mis padres dieron a mis hermanas, a mi hermano, y a mi el amor, la disciplina, la fe, los valores fuertes y una sólida ética de trabajo. Mi madre tuvo un papel vital en nuestra familia, como todas las madres lo hacen, pero me parece que a medida que envejezco que soy más como mi padre.

Mira hacia atrás en su propia formación. ¿Qué papel jugó su padre? ¿Hubo otros modelos a seguir? Al igual que muchos de nosotros vivimos por las lecciones que aprendíamos en nuestra juventud, los niños de nuestra comunidad algún día nos imitarán. Ellos siempre están observando, y tenemos que decidir si vamos a ser sus modelos heroicos que pusieron constantemente el buen ejemplo o el de dejar nuestras responsabilidades a una serie de malas influencias sociales. ¿Qué será?

Tras reflexión sobre mis conversaciones con los padres, hice una lista de las acciones de las que he aprendido de mi padre. Padre, puedes tener desafíos en alcanzar estas metas, pero creo que intentando vivir con estas metas te mantendrá yendo en el rumbo correcto:

  1. Renunciar tu voluntad. Tenemos que renunciar nuestra voluntad de manera permanente a Cristo por hacer su voluntad en nuestras vidas. Hombre, usted no está a cargo tanto como quisiera ser! San Ignacio de Loyola dijo una vez: “Pocas almas entienden lo que Dios podría lograr en ellas si se abandonaran sin reservas a Él y si permitieran que Su gracia las moldee de acuerdo a Su Voluntad”.
  2. Ser un hombre de oración. Tus hijos serán mucho más propensos a rezar si tu lo haces. Desarrolle una rutina diaria de oración con el objetivo de al menos una hora al día dedicado a la oración. ¿Parece difícil? Piense en la cantidad de televisión que vemos, los correos electrónicos que contestamos en el día. Considere cuánto tiempo pasamos en tránsito cada día y la cantidad de tiempo que dedicamos a hacer deporte. Tenemos más que suficiente tiempo para la oración, si programamos e integrarla en nuestros días. También, imagine la poderosa influencia que podemos tener en los hijos si te ven de rodillas en oración cada noche a la hora del rezo de la familia.
  3. Comprender tu verdadera vocación. Para los bendecidos por casarse y tener hijos, ustedes deben reconocer que ayudar a sus familias llegar al cielo y ser buenos esposos y padres – no su carrera o trabajo – es su verdadera vocación. Pregúntate a ti mismo: “¿Es mi trabajo sirviendo a mi familia? ¿O es que mi familia sirviendo a mi trabajo”?
  4. Invertir tiempo. Tus hijos necesitan su tiempo. Guarde en el bolsillo el celular; apague el televisor; deje el partido de futból. Pase más tiempo con sus hijos! Ante la falta de tiempo de un padre con su familia, puedes apostar que hay una cantidad immensa de malas influencias dispuestas para tomar su lugar y guiar a tus hijos en el rumbo equivocado. En nuestra edad moderna, el padre o la madre que está dispuesto a salir de la oficina después de 45 horas con el fin de tener más tiempo con su familia es el verdadero héroe.
  5. Ser valiente. Los cristianos deben destacarse, no hacerse invisible. Somos llamados de ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, y tenemos que luchar contra la cultura de estos son tiempos difíciles. Y tenemos la responsabilidad de amar y defender a Cristo, ser grandes modelos a seguir para nuestras familias y defender nuestra fe.
  6. Practicar el desapego. ¿Estamos demasiado concentrados en la adquisición de juguetes, televisores más grandes, o coches más bonitos? Tenemos que dejar de lado las cosas que obstaculizan en el camino de nuestra vida de oración, la asistencia a misa, las donaciones benéficas, el voluntariado, el tiempo con nuestras familias y sin duda nuestra relación con Cristo.
  7. Amar a tu esposa. Los esposos deben amar y cuidar a su esposa, así de simple. Tus hijos aprenderán a amar a los demás por la forma en que ven que mamá y papá se aman. ¡Tienes que decir: “Te amo” a tu esposa y tus hijos lo antes posible. Muestre a tu esposa el respeto y aprecie el papel fundamental que ella desempeña en tu familia. Lo más importante que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su madre.

Los niños de hoy se enfrentan a retos importantes, y, sin duda, padres fuertes son parte de la solución.

Tome unos minutos para reflexionar sobre cómo lo estás cumpliendo como padre y marido. Lleve los resultados de esta reflexión a la oración y el sacramento de la reconciliación. Más importante aún, comprométete a realizar los cambios necesarios.

Como hombres católicos, hay la responsabilidad de ser padres y esposos fuertes, líderes en nuestras parroquias, buenos corresponsables en nuestras comunidades, y humildes seguidores de Cristo.

Echemos un vistazo al ejemplo inspirador de San José, patrón de los padres, los trabajadores y la Iglesia universal, por su obediencia, la humildad, la abnegación, la valentía, y el amor que él mostró a María y Jesús.

Si puedes emular a San José hasta un poco cada día, estarás mucho más cerca de convertirte en el hombre y el padre que estás llamado a ser.