P. Rómulo festeja 25 años de sacerdocio en EEUU

P. Rómulo Vera, C.S.C.
P. Rómulo Vera, C.S.C.

El viernes, 23 de mayo, la Congregación de Santa Cruz festejó a 18 sacerdotes que han llegado a etapas especiales en su ministerio. Entre ellos, P. Rómulo Vera, C.S.C. se celebró 25 años de sacerdocio. Para ver la misa, se encuentra aquí:

¡Gracias, P. Rómulo por su servicio!

Aquí es lo que escribió P. Rómulo para la ocasión:

P. RÓMULO EDUARDO VERA MUÑOZ, C.S.C.

P. Rómulo celebrando misa
P. Rómulo celebrando misa

Nací en Puerto Varas, una ciudad muy hermosa del sur de Chile, un 18 de octubre del año 1956. Mi infancia transcurrió en varias ciudades, pero especialmente, en Valdivia.

Ingresé en el Programa de Formación el año 1980 como postulante. Hacía un par de años que había terminado la Enseñanza Media, estaba discerniendo qué hacer con mi vida, junto con ayudar a mi padre en el trabajo de pintura de casas y realizar trabajo pastoral en la Parroquia Cristo Redentor, administrada, en ese tiempo, por la Congregación de Santa Cruz. Fue el P. Gerardo Whelan, csc. quien me invitó y me ayudó a tomar la decisión para entrar a la vida religiosa.

Inicié mi noviciado, el 8 de febrero de 1981 y un 28 de febrero del año 1982 tomé mis primeros votos. Profesé los votos perpetuos el 29 de abril de 1987, ordenándome sacerdote el 18 de noviembre de 1989.

Soy el mayor de seis hermanos: tres hombres y tres mujeres. Mis padres, Rómulo y Herminda, están vivos. Ellos tienen 87 y 78 años, respectivamente. Mis hermanos y hermanas son: Jaime, María Antonieta, Victoria, Victor y Alejandra. Mis sobrinos y sobrinas suman siete, y entre sobrinos nietos y sobrinas nietas son nueve, sin contar los que se han ido agregando por los nuevos vínculos que traen otros formatos de familia. Todo un familión que vive en Santiago, así que puedo verlos con frecuencia, gozar de su cariño, y por qué no decirlo también de su respeto y admiración.

Respecto de mis estudios, puedo contar que en mi infancia, debido al oficio de mi padre, que trabajó en pintura de casas y edificios, estuve en varias escuelas de diferentes ciudades. Egresé de Enseñanza Media del Colegio Nuestra Señora de Andacollo, establecimiento educativo en la cual hoy me desempeño como capellán. Después de pasar por algunas instituciones de formación religiosa, en el año 1988, egresé de Bachiller en Ciencias Religiosas en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre los años 1994 y 1996 estudié en España donde obtuve una Licenciatura en Catequesis, otorgada por la Pontificia Universidad de Salamanca. En enero, terminé un Diplomado en Acompañamiento Psicoespiritual, un área vital y de mucha ayuda para el ministerio. Fueron dos años en que participé de un programa: aprendiendo el arte de acompañar personas.

P. Rómulo dando una charla a jóvenes del colegio.
P. Rómulo dando una charla a jóvenes del colegio.

Al pensar en estos 25 años de ministerio y de todos los años de formación, reconozco que son muchas las cosas y situaciones vividas. Hoy, se me vienen a la memoria mis primeras motivaciones para entrar a la vida religiosa, que estaban más orientadas hacia lo social. Esto se dio por el trabajo que realizaba la Congregación, especialmente su fuerte compromiso con la realidad de pobreza. Una vez adentro, descubrí que, para servir en este aspecto, no necesitaba necesariamente ser sacerdote ya que es uno de los aspectos en la vida de un cura, irrenunciable por cierto. Tiempo después, conocí también otras dimensiones de la vida religiosa que me llevaron a la decisión de hacer el noviciado y luego tomar los primeros votos. Pensando en esto, a veces creo que las motivaciones más reales o auténticas llegaron después de mi ordenación.

Como no recordar también, la oposición inicial de mis padres para que no ingresara a la vida religiosa, debido a su experiencia de lo que ellos habían conocido en el campo: el sacerdote con sandalias, con un hábito generalmente raído, descuidado, además de una vida muy sola. Por eso, creo que en su rol de padres protectores, se imaginaban que sufriría mucho. Pero solo fue una resistencia inicial. Siempre me he sentido muy respetado y acompañado por ellos. Además, gracias a Dios, aún no dependen en nada de mí, lo que me ha permitido una tremenda libertad para vivir la vida religiosa y ejercer el ministerio. Aunque hoy, me siento buscando la mejor manera de estar más cerca de ellos, debido al cáncer que aqueja a mi padre.

La celebración de los 25 años de mi vida sacerdotal me da la oportunidad de reconocer y agradecer todas las posibilidades que la Congregación me ha ofrecido con respecto a lo pastoral. Tuve la experiencia de ejercer el diaconado durante dos años en la Parroquia Nuestra Señora de Andacollo; fui Vicario Parroquial (Parroquia San Roque); Director de Pastoral, durante seis años en Saint George`s College; Párroco, siete años en la Parroquia Nuestra Señora de Andacollo; Director de Formación por tres años en el Distrito, y últimamente, desde el año pasado, me desempeño como Capellán del Colegio Nuestra Señora de Andacollo.

Considero un privilegio haber podido prestar servicio tanto al interior de la comunidad religiosa como también servicio a la Iglesia local. He trabajado y trabajo con personas de edades diferentes: niños, jóvenes adultos y ancianos y, como reflejo de la misión de Santa Cruz, con personas de diversos estratos sociales.

Si tuviera que decir ¿cuáles de todas las experiencias que he tenido han sido las más determinantes o significativas en mi vida personal?, diría que la de ser párroco y la de trabajar en el programa de formación. Tal vez, porque me permitieron tomar mayor conciencia de mis fortalezas y debilidades. Considero que la Congregación ha sido muy generosa al ofrecerme estas diferentes oportunidades que para mí implican también depositar una gran confianza.

En este momento, junto a otros religiosos y una religiosa de Santa Cruz, trabajo en el Colegio Nuestra Señora de Andacollo como capellán, un colegio ubicado en los límites de la Zona Centro de Santiago, que pertenece al Arzobispado, pero que desde el año 1976 es administrado por la Congregación. Hoy, el colegio tiene un rector laico y cuenta con alrededor de 1050 alumnos. Es una institución educativa con una larga tradición de educación, de formación, que de alguna manera ha marcado la historia del barrio, y donde nuestra comunidad ha tenido un destacado, reconocido y apreciado papel, en la educación de tantos niños y jóvenes.

Es en medio de esta comunidad escolar, que estoy celebrando mis 25 años como sacerdote. Evidencio una nueva oportunidad para agradecer al Señor, por el cariño recibido en cada uno de los lugares donde me ha tocado trabajar, por el reconocimiento del rol que se ejerce como religioso y por la confianza de la congregación. Todo esto constituye un fuerte apoyo para vivir la consagración en medio de tremendos desafíos actuales, un tiempo que se caracteriza por un ambiente cada vez más secularizado, marcado por la desconfianza, dolor e incertidumbre frente a lo que ocurre con nuestra Iglesia, debido a los casos de abuso.

Como síntesis de lo que ha sido mi vida religiosa y sacerdotal puedo decir que me siento muy identificado con el pasaje bíblico que relata el encuentro de Jesús con la samaritana. Tengo la experiencia de un Dios misericordioso en mi vida. Jesús que acoge, que no te rechaza, ni justifica tus errores ni pecados, sino que simplemente te ama, y te ofrece una nueva orientación en tu vida, en que Él pasa a ser el centro, cada vez más presente en tus decisiones, en tu ministerio, que hace que te encuentres así en un proceso creciente de una vida plena e integral, aunque también por supuesto, con momentos de dispersión, inconsecuencias, falta de sentido, desmotivación y frustraciones, pero al fin de cuenta, feliz con lo que Dios me ha llamado a ser.


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